
Guerra gana su primera batalla
- La Balona rompe con siete semanas de sequía merced a un sólido triunfo sobre el Sevilla C (0-2) con goles de Diego 60′ y Pepe Rincón 89′.
- A falta de la confirmación oficial, el técnico linense será ratificado.
- Carlos Guerra: Un triunfo muy importante, esperemos que sea un punto de inflexión.
Carlos Guerra ejerció casi más de exorcista que de entrenador. El todavía casi misacantano entrenador de la Real Balompédica Linense expulsó a los demonios [deportivos] que habían anidado en la caseta de su equipo y recuperó, él sabrá cómo se las ingenió, en el descanso del partido con el Sevilla C, las señas de identidad que este había perdido en los dos últimos meses. Con eso lo condujo a un triunfo de esos que suelen marcar el devenir de la competición. Nadie lo ha puesto aún negro sobre blanco. Seguramente porque tampoco es que haga mucha falta. Pero Guerra acabó en la Ciudad Deportiva José Ramón Cisneros con su condición de interino y firmó su renovación hasta que acabe la temporada.
Pocas personas pueden encarnar mejor que Carlos Guerra el espíritu de la Balona. Ese empaque, esa actitud, esa ansiedad por ganar que había desaparecido en las siete jornadas que acumulaban los albinegros sin ganar. Y en alguna antes en las que los marcadores habían sido generosos con ellos. Todo volvió como por encantamiento en los segundos cuarenta y cinco minutos de este partido. Porque, detallitos tácticos al margen, la Balona ganó en Sevilla porque se reencontró con su ADN, ése que le llevó en enero a ganar todo lo que jugaba.
Todos los entrenadores rivales vaticinaban que esta Balona 2025-26 podía resucitar en cualquier momento. Pero fue a hacerlo -después de tres patinazos de notables proporciones- en un escenario especialmente difícil. Y no es una opinión, lo advertía la estadística: el segundo filial nervionense no perdía en casa desde comienzos de noviembre.
Tampoco es cuestión de convertir este resumen en unos juegos florales. Porque la victoria, que casi es más importante por su carga anímica que por su consecuencia clasificatoria, tampoco puede esconder lo sucedido en los primeros 45 minutos, que fueron… como los siete partidos precedentes.
En esa primera mitad del Sevilla C-Balona no sucedió nada. Era un partido plano, por parte y parte, porque los chiquillos del conjunto de casa tampoco es que deslumbrasen. En todo eso rato apenas hubo que apuntar dos cositas, ambas, es sí, del lado visitante: un buen centro de Cascajo –que se reventó mientras estuvo en el campo– que Álvaro González, en una posición envidiable, mandó alto (15’). Y, ya al filo del descanso, un disparo bien intencionado de Diego, que pecó de querer colocarla tanto que acabó por mandarla fuera.
Un giro de 180 grados
En ese momento, para qué andarse con rodeos, Carlos Guerra y su lugarteniente Luis Lara estaban más cerca de volver al filial que de seguir en el cargo. Pero, en el paso por el vestidor, se produjo la catarsis. La que volvió al campo fue, sencillamente, otra Balona. Es difícil calibrar hasta qué punto fue gracias a la entrada de Pepe Rincón. Lo que sí es cierto es que el jerezano, que andaba desaparecido hace semanas, volvió a ser el futbolista incisivo y vertical de la primera vuelta. Y además relevó a un Joanet López del que no había habido noticias desde el pitido inicial.
Desde el minuto uno se palpaba que los que hasta poco antes deambulaban por el césped estaban por la causa de que Carlos Guerra siguiese al mando. A ver, a este equipo, por su confección, no se le pueden pedir exquisiteces técnicas. Pero, cuando le pone eso que no aparece en las estadísticas, le puede ganar a cualquiera en esta categoría.
El caso es que aquello se convirtió en lo del cántaro y la fuente: que si un gol anulado, que si un poste… hasta que llegó el 59’ y Ángel Mancheño la puso para que Diego se reencontrase con el gol. Lo mismo es porque, esta vez, sí que se desenvolvía por su hábitat natural, el área, en vez de estar bajando a recibir cada dos por tres. Pero es sólo una hipótesis.
El 0-1 suponía toda una prueba de madurez. Era fácil que, después de siete semanas sin ganar, al equipo de La Línea se le aparecieran los fantasmas y se achicase. Pero sucedió todo lo contrario. Los albinegros dieron una muestra de fortaleza mental y siguieron en plan martillo pilón.
Es verdad que, con 0-1, todo puede suceder, pero nunca, ni por un segundo, dio la sensación de que el triunfo se le pudiese escapar. Entre otras cosas, porque el filial sevillista no llegó ni una vez a la puerta de Antonio Hermosín. Mi siquiera cuando entró en el campo el barreño Juanma Ballesteros. En esa solidez en retaguardia tuvo mucho que ver el partido ejemplar del linense Ismael. Viendo su último partido y medio, cuesta trabajo explicarse por qué había sido borrado del mapa por el anterior entrenador.
En la media hora final llegó la Balona media docena de veces con peligro: otros dos palos, alguna parada de mérito de Sergio Recio, y dos o tres balones cruzados a los que no llegaron los atacantes por un pelo.
Hasta que, en el 89’, David Muñoz le hizo el lío al lateral y mandó a las entrañas del área para que Pepe Rincón, entrando desde atrás, anotase el 0-2. Ya le falta nada y menos para ganar la apuesta que tiene cruzada con Europa Sur. Pocas veces la celebración de un gol evidencia tanta rabia contenida.
Carlos Guerra ha tardado apenas dos semanas en construir lo que Simon y Garfunkel denominaron el puente sobre aguas turbulentas en las que se había convertido la caseta de la Balompédica. Larga vida al míster. Entre otro millón de cosas, porque es uno de los nuestros.
