2025/263º FeferaciónNoticiasResultados

David Sánchez: Game over

  • La Balona destituye a su entrenador después de perder a manos del Atlético Onubense, que remonta con goles de dos exalbinegros, David Pecellín y Álex Cantera.
  • Los linenses exhiben cuando se ponen por delante la enésima muestra de insolvencia y falta de fútbol.
  • David Sánchez: El equipo esta irreconocible.

Punto final a una etapa. A la enésima en una Balona en la que cuesta Dios y ayuda que un entrenador comience y acabe una temporada. Por algo será. La Real Balompédica Linense destituyó a David Sánchez apenas unas horas después de que el equipo albinegro cayese ante el Atlético Onubense (1-2), lo que suponía su quinta jornada sin vencer. Dos exbalonos, David Pecellín y el tarifeño Álex Cantera pusieron, con sus goles, los últimos clavos en la tumba [futbolística] del preparador. Ambos tuvieron la deferencia de pedir disculpas a la grada por su crimen.

Si no fuese porque supondría una ofensa a una mente prodigiosa como la de Gabriel García Márquez sería lícito recurrir al manidísimo tópico de la muerte anunciada. El club había perdido la confianza en el preparador sevillano desde antes del tren de borrascas y se ha limitado a esperar que los resultados hiciesen el trabajo de ejercer de guillotina. La semana pasada este medio ya advirtió que el teléfono del míster podía sonar en cualquier momento. Lo hizo este domingo, pero era una llamada de efecto retroactivo.

Lo malo de esta decisión es que Sánchez deja tras de sí un bloque en avanzado estado de descomposición. Un cadáver [futbolístico] al que sólo el demérito de sus frágiles rivales mantiene en puestos de privilegio [es un decir] de una competición que provoca sonrojo por su paupérrimo nivel.

Víctima de la tozudez

La salida de David Sánchez llega fruto de una obstinación casi enfermiza que el entrenador disfrazaba de mal entendida confianza en sus jugadores. Y que nadie sostenga que esta afirmación llega a toro pasado. Está escrito y repetido.

El centro del campo de los albinegros lleva meses siendo un disparate. Un desatino al que quiso poner un parche alineando en el pivote a un Jonaet López que se ve a la legua que no es mediocentro. Y negándose a dar la alternativa al canterano Raúl Andrades, que esta vez, frente a un grupo de chavales, no hubiese podido sentirse intimidado. Pueden apostar que no lo hubiese hecho peor de los que jugaron. Al final sale siempre Aschalew Sanmartí para echar el balón hacia atrás una decena de veces.

Pero no es lo único. Mantener a Pepe Rincón en la titularidad cuando el jerezano atraviesa un mal momento inaceptable era un crimen hasta para el propio interesado. Como lo era en esa misma banda no buscar soluciones al lateral derecho, en el que Chey lleva semanas haciendo aguas. ¿Para qué vino entonces Ángel Mancheño?

No acaba ahí la autopsia de este proyecto futbolístico que toca a su fin. Sánchez volvió a alinear ante el filial del Recre a Cascajo y Diego como hombres más adelantados. Pero [y escrito está] este último es un hombre de área. Un finalizador. Y hacerle venir a recibir es dejar a su equipo huérfano de referente. Y coartar lo que Cascajo puede aportar de mediapunta. Vaya, hacerlos jugar a ambos contra natura.

Todo eso, sin entrar en el debate de la portería, en la que Antonio Hermosín ya está otra vez al nivel del comienzo de temporada, que consiste en que encaja tantos goles como lanzamientos recibe.

No sólo es el entrenador

Dicho de otra manera, que David Sánchez ha ido cavándose su propia tumba. Pero ojo que ni esto es el Castillo de Hogwarts ni el entrenador que venga va a ser Harry Potter. El preparador sevillano ha caído víctima de su extrema tozudez. Pero también de una plantilla que está descompensada y huérfana de calidad hasta niveles irritantes.Cuestiones éstas en la que hay más responsable que el ahora destituido.

Con el título –y por consiguiente el ascenso directo– cada vez más lejano el objetivo tiene que no sólo llegar al play-off en la mejor posición posible, sino hacerlo, que es mucho más importante, en la mejor dinámica imaginable. Que el Córdoba ascendió a Primera siendo séptimo.

Del partido quedan pocas cosas más por decir. Ganó en La Línea un Atlético Onubense que llegó después de perder en seis de sus siete desplazamientos precedentes, que viajaba con 17 futbolistas, con bajas notables y sin porteros del plantel de Tercera Federación. Lo que en el argot se conoce como un bollito.

Ventaja inicial dilapidada

Por si no fuera suficiente la Balona se encontró con un gol en el minuto dos. Uno de esos que alguien recuperará en cualquier momento para contar los tantos más absurdos de la temporada en TikTok. Boateng quiso centrar o quitarse el balón de encima, que no es fácil determinarlo. Y el meta Marcos, al que todavía le temblaban las canillas, casi dejó pasar el esférico.

Era el escenario ideal. Y la Balona lo malogró fruto de su propia ineptitud o cobardía. Que tanto monta. El que en ese momento era el equipo de David Sánchez puso de manifiesto todos los pecados ya detallados. Regaló el empate con Chey mirando cómo centraban y Julio Algar marrando a la hora de despejar. Desperdició después dos o tres oportunidades –que por cierto sirvieron para que el guardavallas del filial del Recre se rehiciese– y acabó perdiendo por una absurdez de Marlon en la salida del balón en el tiempo añadido mientras a su gente [y por lo que se ve a su presidente] se le acababa la paciencia.

Para que la sensación de caos se extendiese, el partido tuvo que estar detenido durante diez minutos al filo del descanso porque un conocido aficionados, Manolo Tavares, sufrió un desvanecimiento en la grada de Tribuna. Abandonó el estadio por su propio pie.

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