
La Balona se afinca en el fracaso
- Los linenses firman tablas ante un Tomares light, enlazan siete jornadas sin vencer y desesperan a su afición.
- Carlos Guerra parece llamado a sobrevivir al doble empate en casa de sus primeros encuentros.
- Carlos Guerra: Me siento con fuerzas y capacitado para seguir.
A Joaquín Sabina, según rezaba una de sus inmortales letras, le robaron el mes de abril. A la Real Balompédica -y sobre todo a sus aficionados- le han birlado, de momento, los de febrero y marzo. Y que quede ahí. Por no hablar de lo que ha sucedido en los tres últimos interminables años. Los albinegros empataron ante el Ciudad de La Línea con un diezmadísimo Tomares y acabaron con la poca paciencia que le quedaba a sus sufridores. Podría escribirse que da vergüenza. Pero el sarpullido que provoca tanto marcador adverso consecutivo más bien lo que genera en la grada es indiferencia. La peor de las enfermedades en esto que no tan lejano fue fútbol.
Los que se han atribuido el derecho a repartir carnés de balonos y en retirárselos a todo bicho crítico cada día lo tienen más difícil para encontrar fieles a su absurda causa. Porque la verdad nada más que tiene un camino. Y el camino es que esta Balona no gana desde que lo hizo al final de enero a un Córdoba B que jugó más de 80 minutos con uno menos. Después fracaso tras fracaso. Por mucho que cuatro indocumentados lo quieran blanquear.
Un equipo gestado para campeonar -o al menos eso contaron en verano-, respaldado de una inversión inverosímil para esta insulsa Tercera Federación, acumula siete partidos sin ganar. Eso provoca una decepción mayúscula entre los que lo sufren. Dicha racha llega, además, después de jugar tres veces en casa ante rivales que sólo aspiran a sobrevivir. Y eso roza (es un decir) lo ridículo. Que la última de esas tablas se produzca ante un sucedáneo del Tomares que había renunciado de antemano a la pelea al provocar la sanción de cuatro de sus puntuales precisamente para esta visita a La Línea supone una tomadura de pelo para todos los que sienten en blanco y negro.
La marcha de la antes conocida como Recia, por mucho que se mantenga en la tercera plaza, supone un desafío mayúsculo a la razón, del que son responsables desde el presidente, Andrés Roldán, hasta el último futbolista, cuya capacidad dista mucho de ser la que se le había atribuido. Y por las que cobran muy bien. A la vista de los hechos, diríase que demasiado bien. Pasando, por supuesto, por el director deportivo, Miguel Ángel Rondán, al que la hinchada ya le hizo saber que ha colocado sobre él la mirilla. Entre otras cosas porque los que desempeñaban esa responsabilidad en las campañas precedentes fueron lapidados [metafóricamente] durante meses por sus errores.
El partido
Los linenses, otra vez con cambios hasta aburrir en el once, salieron como un flan. Tan nerviosos como descentrados. Y el Tomares no tardó en oler el miedo, la inseguridad del rival. Y dijo ésta es la mía. Le bastó el primer balón largo para hacer el 0-1. El enésimo error en cadena en el centro de la zaga y marcó Pedro Morillo, que había hecho un tanto en toda la temporada.
No hay nada más recurrente (y posiblemente más injusto) en el fútbol que echar de menos a los que no están pero es indubitable que desde que es baja Diego Domínguez su equipo no sólo encaja goles casi siempre, sino que esas dianas son consecuencia en la mayor parte de las ocasiones de errores obscenos.
Lo cierto es que el equipo aljarafeño, con eso tan primitivo como legítimo del patadón largo y a correr, le ganó otras dos veces la espalda a la defensa y tuvo a su disposición por partida doble un segundo gol que cualquiera sabe lo que hubiese originado en el estadio. Pero los números recuerdan que sólo es capaz de marcar una vez cada más de cien minutos y dos tantos en el mismo día hubiese sido un atracón estadístico. Literalmente le perdonaron la vida a la Balona.
En los últimos veinte minutos del primer periodo el equipo de casa por lo menos atacó. Pero no tuvo más lucidez. Porque jugar mejor que en los primeros veinticinco no tenía mérito alguno. Una sola vez pareció que podía empatar. Un disparo de rosca de Zaki desde la frontal al que respondió Luca con un paradón, que además supo decorar para que resultase muy estética.
Ismael y Cascajo aportan
Tras el descanso otra vez el mismo guion que el miércoles ante el Coria. En ese intermedio llegaron los cambios y uno de ellos sirvió para que el linense Ismael se reivindicase. Sus cuarenta y cinco minutos –ocupando el lugar de Marlone- le dio más solvencia a la retaguardia. La única buena noticia del partido. Cascajo, que entró en el 56’ también sumó. Joanet fue otro de los lúcidos durante la mañana.
La Balona dominó porque no le valía el resultado, porque el rival se replegó. Pero lo hizo sin fútbol, sin criterio. Por inercia. Es un conjunto que juega a ciegas, a chispazos. Y con síntomas de un preocupante déficit físico que lo mismo está hasta a la base de este desaguisado. Y por favor, que nadie hable de los tres partidos en la misma semana, que entre el miércoles y el domingo, que se sepa, ninguno de los inquilinos de la caseta ha estado echando un techo. Cosa que, por cierto, sí que hacen algunos de sus rivales.
En ese tramo de cierta lucidez (cierta) de los de casa llegó el empate. En una acción bien hilvanada en la que lo mejor fue como el colegiado malagueño Jorge González Sánchez concedió una decisiva ley de la ventaja en el origen de la jugada. Un detalle de buen árbitro. Asistió Cascajo –de lo mejorcito desde que entró, queda dicho- y remató Juaniyo.
Contra toda lógica cuando parecía tener el triunfo -con todo lo que suponía- a su alcance fue cuando volvió a flaquear el equipo de Carlos Guerra y Miguel Ángel Rondán. Ya no daba para más. Por momentos este Tomares light pareció hasta estar más presente.
Cada equipo tuvo su ocasión. Los visitantes en un disparo en el 73′ al que replicó Antonio Hermosín con un paradón y pudieron también hacerlo los de casa, con un tiro de Álvaro González desde la frontal (85’) que se estrelló en la cruceta. Para enturbiar aún más, Juaniyo se autoexpulsó en el descuento con una agresión que tenía mucho de impotencia.
Al final otra decepción. Y van… La Balompédica después de siete fracasos se mantiene en el play-off por el cúmulo de errores de sus presuntos rivales, en la enésima demostración de que esta quinta categoría nacional es una auténtica calamidad futbolística. Las tablas con el Tomares, de momento, parece (sólo parece porque eso puede cambiar de un momento a otro) que no se llevará por delante a Carlos Guerra, al que el tiempo dirá si no le encomendaron una misión imposible.
¿Qué habrá hecho la afición de La Línea para merecer esto?
