
Esto es lo que hay
- La Balona caludica en su visita al líder y afronta las cinco últimas jornadas con un solo punto de ventaja sobre el sexto.
- Los linenses capean el temporal hasta el descanso, encajan dos goles en los minutos 48 y 50 y demuestran nula capacidad de respuesta.
- Carlos Guerra: Tenemos que generar mucho más en ataque y ser más contundentes.
Baño de realidad. De crudísima realidad. La Real Balompédica Linense sucumbió de manera incontestable en su visita a Lucena. En su comparecencia ante un líder que echa un tufillo a que va a campeonar -y ascender- antes que después que tira de espaldas. Primera derrota de la era Carlos Guerra.
Y lo que es más grave, un serio aviso a navegantes de que la fiabilidad de los albinegros en un hipotético play-off no es para tirar cohetes. Hipotético porque la realidad es que el primer objetivo que deben alcanzar los de La Línea es estar en esa segunda fase. Porque con cinco jornadas por delante, un solo punto de ventaja sobre el sexto y las visitas a Dos Hermanas y Atlético Central en el horizonte, darlo por hecho alcanza el grado, como poco, de temeridad.
Está escrito hace más de un mes. Ni Carlos Guerra es Harry Potter ni la Balompédica es el Castillo de Hogwarts. El técnico consiguió difuminar durante un par de semanas las limitaciones de esta Balona 2025/26 Pero ni él ni nadie puede hacerlas desaparecer. Florecen en cuantito los de La Línea se miden a un rival de verdad. Que afortunadamente para ellos, hay poquitos, muy poquitos, en esta raquítica Tercera Federación.
Sí que lo es, y así lo demostró, este Ciudad de Lucena, que puede que no deslumbre con un juego preciosista, pero que se ha constituido en un verdadero martillo pilón. Sabe cocinar los partidos, madurarlos. Confía ciegamente en su manual y espera para cazar al rival en cuanto comete un error. Y ahí está, con seis puntos sobre el segundo con solo quince por jugarse.
Lejos, muy lejos, se antojan ya aquellos meses de verano en los que se decía que la Balona se había traído a lo mejorcito del Ciudad de Lucena. Lo mismo es que se dejaron a alguno allí.
Pero el éxito de este equipo aracelitano supera con creces a sus jugadores. Es el triunfo de un proyecto. De no dejarse llevar por un fracaso y perseverar. Hacerlo después de seis play-offs sin ascender es una lección para el fútbol moderno -incluso para otros muchos apartados de la vida actual- tan lleno de prontismo.
Este Ciudad de Lucena es el resultado de no empezar de cero cada nueve meses, que es una forma como cualquier otra de abrirle la puerta de par en par al fracaso. Y a base de eso, de, entre otras cosas, no echar a un entrenador casi todos los meses, paece ser que se alcanzan los sueños.
El partido
El encuentro, por mucho que duela en el vestuario de la Balona, se jugó casi siempre como quiso el líder, que minimizó hasta lo sonrojante la condición de mejor viajero del grupo de los linenses.
El conjunto aracelitano salió presionando. No disponía de ocasiones, pero iba desgastando a los visitantes, que sufrían y mucho por el costado derecho. No es nada nuevo que Ángel Mancheño reúne más virtudes en el apartado ofensivo que en el defensivo. Tampoco es ninguna novedad que Joseliyo, con el que le correspondía fajarse, es de los mejores en su puesto en este nivel.
Pasado el ecuador del primer periodo la Balompédica logró incluso tomar el balón y capear el temporal. El primer tiempo acababa sin goles. La superioridad local apenas quedaba reflejada en el número de saques de esquina. Porque ocasiones, lo que se dice ocasiones, salvo un balón que se paseó por el área de Antonio Hermosín, tampoco es que tuviese
Dos goles en tres minutos
Lo peor vino después. La puesta en escena de los de casa tras el intermedio fue demoledora. En cinco minutos cerraron el partido. Como si tuviesen prisa. Como si alguien hubiese dicho eso de “a ésta es” que tanto se ha escuchado esta semana.
Primero una acción que nació —¿cómo no?— en Joseliyo y que acabó con un lanzamiento casi a placer de Jesús Martín (48’). Y después, muy poco después (50’), fue el propio Joseliyo el que puso la firma a un ataque desde la otra banda.
El resto del partido, para qué engañarse, fue un trámite. Los cambios no aportaron nada a una Balona que estaba KO, desbordada por un rival que había profanado su línea de flotación como suele hacerlo: sin alardes, sin precisar de alharacas, pero con máxima efectividad.
Hubo que esperar hasta el 76’ para que los linenses disfrutasen de su primera oportunidad para acercarse en el marcador. A buenas horas… Juaniyo se empeñó en salir de tantos regates que cuando vino a disparar ya lo hizo forzado y el meta local supo cómo quedarse con la pelota.
Cuando ya la única meta era que aquello acabase lo antes posible llegó el 3-0. Hugo Fuentes sentenció aprovechando que la zaga albinegra estaba, otra vez, mal situada.
El partido tuvo un feo epílogo. Absolutamente innecesario. Primero Adri Valenzuela, que apenas llevaba un puñado de minutos en el campo, se autoexpulsó en una casi agresión a Lanzini. Y después el argentino, que ya hizo algunas de esas en el pasado, fue indultado por el árbitro cuando trató de tomarse la justicia por su mano.
La Balona se vuelve de Lucena descabalgada de la tercera plaza por un Bollullos que tampoco termina de convencer y con muchas dudas por resolver. Seguramente de las pocas cosas ciertas que se pueden concluir del partido es que el rival es superior, muy superior ahora mismo al equipo de La Línea. Más sólido, más equipo. Más de los que ascienden.
