
Ni de penalti
- La Balona firma unas tristes tablas con el imberbe Mirandilla, pero asciende a la tercera plaza.
- Álvaro González malogra una pena máxima en el 80′, con los locales intentándolo a la heroica.
- Carlos Guerra: Estoy jodido porque al final merecimos la victoria.
Toca decidir. La opción A (vaso medio lleno, más al legítimo gusto del forofo poco dado al análisis) es quedarse con que la Balompédica asciende, a falta de cuatro jornadas, hasta la tercera plaza, lo único bueno que arrojó su partido con el Cádiz Mirandilla. La B (medio vacío, que está mucho más cercana a la realidad) es que la Balona no es capaz de ganar ni de penalti. Seis victorias en toda la segunda vuelta así lo atestiguan. Unas cifras que deberían sonrojar si al menos se supiese quien debería hacerlo.
La verdad es que en cuantito juega con un equipo medio que se le ven todas las costuras. Y que si se mantiene arriba es porque los rivales directos tienen la misma supina carencia de argumentos que los de La Línea. Descender al infierno de esta paupérrima Tercera RFEF fue muy duro. Vivir domingo a domingo esta quinta categoría nacional se ha convertido en un calvario para cualquiera que sienta en blanco y negro.
La Balompédica firmó tablas con el Cádiz Mirandilla. Cabría decir que con el mismo equipo al que goleó 0-4 en la primera vuelta. Pero sería faltar a la verdad. Empató con un sucedáneo de aquel filial, debilitado hasta límites insospechados en enero y rehecho, en buena medida, a base de juveniles. Un conjunto de chaveas en toda la extensión de la expresión. Un rival imberbe al que los de La Línea sólo amedrentaron en el último cuarto, jugando a la heroica, pero mostrando cero recursos futbolísticos.
Los linenses, lejos de mostrarse heridos en su orgullo por la derrota en Lucena, volvieron a evidenciar esa imagen de equipo indolente (por lo menos hasta el 75’) que tanto dista del sobrenombre de Recia por el que conocen (o conocían, que eso también se puede analizar) a esa centenaria escuadra a la que dicen representar.
La entrada del reclamado Tomi Lanzini en la medular no sirvió de nada. El mismo vacío balompiédico, de jugadas trenzadas, de ideas colectivas. Por cierto, el argentino empieza a ser aspirante, y serio, al trofeo al futbolista con mayor ratio de tarjetas por minuto jugado no ya del grupo ni de la categoría, sino del planeta. Aunque eso ahora mismo se antoje un problema muy menor.
La primera mitad dejó para muy poco. Con Pepe Rincón y Cascajo pensando en sus cosas –que por lo menos esta vez una de ellas no era la Balona– y Diego contentándose con estar en el césped, el poderío ofensivo local era casi nulo. Y sin casi. Alguna llegadita, un centrito que se perdía. Pero vaya, que el meta David Pérez cuando llegó al vestuario en el descanso no se quiso ni sentar, porque no estaba el chiquillo cansado.
Lo uniquito que echarse a la boca fue una caída de Juaniyo dentro del área en el 23’ de esas que si el árbitro pita penalti, pitado se queda. Pero da la sensación, sin estar en posición de garantizarlo ni viéndolo repetido, de que el defensa llegó antes al balón que al atacante.
Ni hay rivales, ni hay más
Tras el descanso hubo un ratito en el que el filial del Cádiz pasó de estar ordenadito en defensa a incluso tener presencia en el campo rival. Pero vaya, que quitando un balón que llevaba peligro y que desvió Julio Algar, poco. Por no decir nada. Tampoco es una sorpresa, que va sexto en este grupo que todo el mundo dice que es muy igualado, pero nadie se atreve a decir en alto que lo está porque, salvo el Ciudad de Lucena y algo del Dos Hermanas, los demás… cortito y con sifón.
Los cambios mejoraron un poquito el panorama. La entrada de Joanet López le dio por lo menos más viveza y la de Zaki presencia arriba. En el 69’ cayó precisamente Zaki en el área. Otra jugada de esas que uno quiere siempre que se transforme en penalti cuando es para su equipo. Pero que si le piden que se juegue su patrimonio ya prefiere hablar del tiempo.
Acto seguido llegó la única oportunidad/oportunidad en juego. Después de un par de rebotes el balón le llegó a Ismael Martín dentro del área pequeña. La oportunidad de que el canterano se coronase después de haberse abierto a codazos sitio en el once. Pero los centrales y el gol hacen malas migas las más de las veces. Y no atinó con el marco.
Debuta el linense Moi Machuca
A continuación debutó otro linense en el Ciudad de La Línea. Con un pequeño matiz sin importancia, lo hizo… con el Cádiz Mirandilla. Moi Machuca no olvidará este partido. Posiblemente sea el único que tiene motivos para no borrarlo de su mente a poco que le den la más mínima oportunidad.
A diez del final llegó la jugada del escarnio. Marlón cazó a Zaki dentro del área y esta vez la pena máxima era indiscutible y así lo entendió el jovencísimo Javier Gómez Liébana, al que dentro de no mucho pueden aportar a que se podrá ver en divisiones superiores. Y ahí, con todo a favor, fue cuando la Balona enseñó todas las miserias que le llegan acompañando desde septiembre. Lanzó Álvaro González. Rematadamente mal. Y detuvo David Pérez. Otro penalti al limbo. Y van…
Sin ánimo de hacer sangre. Al guardavallas visitante lo entrena Miguel Vega, que en su aventura por La Línea mejoró a todo el que pasó por sus manos. Y al que al final le abrieron la puerta casi de mala manera.
Después de eso, lo del final fue un quiero y no puedo. Al menos en ese ratito fue un quiero. Que ya hay que conformarse con cualquier cosa. Pero el gol no llegó. Y todo eso con Juan Arias en el palco que se estaría preguntando por qué se permite a estos futbolistas lucir los mismos dorsales que llevaban los que fueron sus compañeros de vestuario.
La Balona deja vivo al Mirandilla y afronta su visita al Dos Hermanas con la misma credibilidad que Álex Ubago en un concurso de chistes. Qué larga está siendo la temporada. Y aún quedan por delante los play-off. Porque quedan, ¿no?
